Sam Altman defiende el impacto energético de la IA y cuestiona cifras virales sobre consumo de agua

El director ejecutivo de OpenAI abordó esta semana las crecientes preocupaciones sobre el impacto ambiental de la inteligencia artificial durante un evento organizado por The […]

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28 de febrero, 2026

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El director ejecutivo de OpenAI abordó esta semana las crecientes preocupaciones sobre el impacto ambiental de la inteligencia artificial durante un evento organizado por The Indian Express, en el marco de su visita a India para participar en una cumbre internacional sobre IA.

Altman rechazó categóricamente algunas afirmaciones que circulan en internet sobre el uso de agua por parte de sistemas como ChatGPT.

“Totalmente falso”: la polémica sobre el agua

En su intervención, Altman calificó como “completamente falso” el dato viral que sostiene que cada consulta a ChatGPT consume hasta 17 galones de agua.

“Eso no tiene relación con la realidad”, afirmó, señalando que ese tipo de estimaciones se basan en modelos antiguos de refrigeración por evaporación utilizados en centros de datos. Según explicó, esa tecnología ya no representa el estándar actual en la mayoría de las instalaciones modernas.

Sin embargo, reconoció que el uso de agua en centros de datos fue un problema relevante en el pasado y que el impacto ambiental de la infraestructura digital sigue siendo un tema legítimo de análisis.

Energía: una preocupación “justa”

Donde sí consideró válido el debate es en el consumo energético total de la IA. Altman sostuvo que el crecimiento global del uso de inteligencia artificial implica un aumento significativo en la demanda de electricidad.

A su juicio, la respuesta no es frenar el desarrollo tecnológico, sino acelerar la transición hacia fuentes de energía más limpias.

“Necesitamos avanzar rápidamente hacia la energía nuclear, eólica y solar”, señaló, enmarcando la discusión dentro de una transformación estructural del sistema energético mundial.

Actualmente, las empresas tecnológicas no están obligadas legalmente a divulgar de manera detallada su consumo de energía y agua, lo que ha llevado a investigadores independientes a intentar estimar estos impactos por su cuenta. Al mismo tiempo, algunos estudios han vinculado la expansión de centros de datos con incrementos en los precios de la electricidad en determinadas regiones.

¿Cuánta energía usa realmente una consulta?

Durante la entrevista, se le preguntó a Altman si era correcto afirmar que una sola consulta a ChatGPT equivale al consumo de 1,5 cargas completas de batería de iPhone. El CEO respondió que esa cifra está lejos de la realidad.

También criticó lo que describió como comparaciones “injustas” entre la energía necesaria para entrenar modelos de IA y la energía que requiere un humano para responder una pregunta.

En una analogía provocadora, Altman señaló que entrenar a una persona implica aproximadamente 20 años de vida, alimentación constante y, en un sentido más amplio, el proceso evolutivo acumulado de la humanidad.

Para él, la comparación más adecuada es evaluar cuánta energía consume el modelo ya entrenado al responder una pregunta —la fase de inferencia— frente a la energía necesaria para que un humano genere una respuesta similar.

“Probablemente la IA ya se ha puesto al día en eficiencia energética, medida de esa manera”, afirmó.

Un debate que apenas comienza

Las declaraciones de Altman llegan en un momento en que el impacto ambiental de la IA se ha convertido en tema central de debate público y regulatorio. A medida que modelos más potentes demandan mayor infraestructura computacional, la presión para transparentar métricas energéticas podría aumentar.

El CEO de OpenAI, sin embargo, plantea una narrativa distinta: más que frenar la IA, la prioridad debería ser modernizar la matriz energética global para sostener su crecimiento de forma sostenible.

La discusión sobre si la inteligencia artificial es una carga ambiental o un motor de eficiencia aún está lejos de resolverse. Pero, según Altman, parte del debate actual está basado en cifras imprecisas que no reflejan el estado real de la tecnología.

Fuente: TechCrunch